La laguna de Casa de Campo / Deep Madrid 6/82

Había un montón de piedras al lado de lo que era la ciclovía principal, camino a la Casa de Campo, cerca de Puerta del Ángel, donde había vivido durante tantos años. Había estado mirando este proceso de deterioro durante mucho tiempo. Cada vez florecían más las obras paralizadas  de las calles y de los edificios municipales de ese distrito. 

Todavía están los carteles de la promoción de la nueva parquización de la zona. Iba a ser espectacular contar con tanto espacio verde. La obra de ingeniería se quedó en que hicieron volar los puentes, y levantaron una muralla que nos impidió acceder al río. Siquiera verlo.

Lo único que crecía era el abandono, la basura, la desidia. Las piedras, los edificios vandalizados, y las montañas de basura, dibujaban una fotografía que se parecía mucho a un escenario tipo post-apocalíptico. Exagero un poco, pero no estamos muy lejos. 

¿Cómo nos acostumbramos a esto? ¿Cómo llegó a pasar?. Hasta la vegetación amarronada, espesa crecía entre esas construcciones. Hace ya un par de años que había desaparecido casi por completo la traza vial de toda la zona sur. El metro solo funcionaba intramuros. La M-30 hacía de última frontera del gobierno posible. Desde los barrios de San Isidro para el Este, ya nos habíamos organizado con el transporte y los desperdicios,  esta zona, menos habitada, parecía un foco peligroso para quien se aventurara a transitarla. Demasiados cazadores tampoco lo ponían fácil. Casa de Campo se había transformado en un escenario de Battle Royale.

A veces, me metía igual en la Casa de Campo, había temporadas más tranquilas que otras. Esta parecía una de esas. Nada se movía. La luna salía a la laguna de una manera tan bella que valía el riesgo del camino. Caminaba por entre esas piedras, y me sentaba con los pies descalzos tocando el agua. 

Una vez, de este lado, también fue hermoso, casi tan perfecto como la almendra. Recuerdo las populosas verbenas de San Isidro que se suspendieron en el origen de la pandemia. Algunas personas, todavía pueden disfrutar de esos prados, los cazadores, nosotros no.

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