El gobierno avanza / Deep Madrid 12/82

La semana pasada había un rumor, de que podría haber un complot, entre algunos funcionarios y parte de los nuestros, para traer de vuelta a Carla. Pensé que eso era ridículo. Igual llamé por teléfono a Ana y ella habló con una de las guardianas, para poder dar con ella. Ana se había mudado a una casa de grupo, donde Carla pasaba bastante a menudo para reubicar a los refugiados que iba rescatando. Le conté que estaban interesados en traerla de vuelta, más que nada para mostrar la nueva línea tolerante de la política del gobierno. Que era una acción en favor de las comunidades extramuros del sur, suroeste y su posible inclusión en los beneficios de acogerse al dominio de la almendra. 

Solo escuché como respuesta diferida, la risa burlona de Carla, y me dio instrucciones muy precisas. Me puse en contacto con la defensa del muro para ponerlos en sobre aviso que la propuesta era un engaño y que seguramente algún tipo de expansión estaban tramando. Con seguridad, el gobierno no estaba interesado en retomar las obras en los viales del sur, y mucho menos en habilitar el puente de Toledo o acordar una tregua con Carla.

Luego de la ejecución pública del General, descubrimos que los funcionarios habían dejado de apoyarnos por completo, aunque sostuvieran lo contrario. Inclusive nos habían “traicionado” aquellos funcionarios con los que habíamos acordado todos estos años. Solamente querían atrapar a la lideresa que se les escurría en la almendra como el agua entre los dedos. Las órdenes que habían recibido eran tajantes, tan tajantes con la respuesta que empezamos a preparar. La alerta se propagó a lo largo del muro sur con la velocidad cuántica. Desempolvamos las armas, hicimos municiones, cableamos el perímetro con todo tipo de sensores. Limitamos la influencia de los infiltrados, contándole versiones contradictorias de nuestros planes. Sellamos caminos y ocultamos los túneles. Vigilamos el río con mil ojos invisibles. Nada ni nadie pasaría por allí a menos que queramos.

Era el momento de defendernos y así lo haremos hasta con la última gota de nuestra sangre.

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