Alfonso / Deep Madrid 21/82

He estado teniendo esta crisis emocional demasiado intensa desde los 14 años. Me habían preparado psicológicamente para este momento pero es desconcertante. Soy un estudiante, de los pocos becados, en el segundo año. Mi especialidad son los idiomas, aunque los números no se me dan mal. Cuando regresé a casa me sentí tan terrible porque no me quedaba nada de ella, todo estaba destrozado. Lo había roto a la hora del desayuno, y todavía seguía igual. Ahora además estaba indignado. Por suerte me di cuenta de que solo faltaba una hora para ir a la escuela. 

Volví a llamar al los Servicios Sociales, insistí en que todavía no habían restaurado mi casa y descargué mi furia verbal con el asistente de turno. ¡Así no hay quien pueda estudiar!

Cargué mi mochila, bajé las escaleras saltando. Después de la descarga telefónica me sentía reconfortado. Me di cuenta de que hacer algo útil sana el corazón. Estos asistentes necesitan un sacudón de vez en cuando para que sean más eficientes. Sí, mi buena acción del día ya estaba hecha.

Cogí el coche, la Castellana estaba vacía, Concha Espina también, y fui a comer a la casa de mis padres que vivían en el bloque vecino, próximo del instituto. Prefería caminar, pero con esta calima era necesario usar vehículos para protegerse de los indeseables. Se escondían en este aire sólido, podían asaltarte desde cualquier rincón, amparados en esta escasa visibilidad. Con este clima, debieran poner más funcionarios para proteger el distrito. Pasé a comer con mis padres. 

No fue como si no hubiera pasado nada. Nunca me dijeron lo que estaba pasando. Estaban muy ansiosos y silenciosos. Pensé que era solo una cosa familiar, de ellos. Algo de la pareja, la verdad es que mucho no me importaba. Si querían que me enterase, me lo iban a terminar diciendo. Me dediqué a mordisquear el plato que me habían servido, uno de mis favoritos, mientras miraba por la ventana cómo la Plaza de la República Argentina desaparecía en esa pesadez amarillenta.

El primero que salió fue mi padre, me pareció que tenía húmedos los ojos. Luego salimos juntos mi madre y yo, no quería que caminara por eso la llevé a su oficina. En los últimos metros para llegar al Instituto, un inmigrante, estaba cruzando la calle, parecía estar apurado. Aceleré y le pasé por encima, era lo menos que podía hacer por mi comunidad. Espero que dejen todo limpio antes de que termine el colegio, me desagrada bastante tener el coche sucio.

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