Adel, el médico / Deep Madrid 25/82

Vive en la calle Antonio Leyva, es empleado de una empresa llamada Big Pharma, una farmacéutica que quedó de este lado del muro. Es una de nuestras principales moneda de cambio con el gobierno. Una ventaja, al haberla mantenido en pleno funcionamiento, que supimos lograr en favor de que nos respeten cierta autonomía. 

Adel es médico del instituto de salud, miembro de la academia de ciencias, que es una institución revisada por pares con una larga historia de investigación. En ese campo de la ciencia, ha estado investigando cómo funciona el hígado y cómo lo afecta el cáncer. Trabaja duro para descubrir formas de reducir o detener esta terrible enfermedad. Fue el investigador principal de un artículo que demostró que un tratamiento precoz puede detener este proceso mediante el uso de anticuerpos que bloquean la IL-6, la señal inflamatoria que impulsa esta reacción en cadena, puede limitar el potencial del cáncer para propagarse al hígado. Podría reducir significativamente el riesgo de cáncer en personas con enfermedades genéticas, pero no en todas. Fue un buen artículo, una gran pieza, y resultó ser el gran avance de esta época. 

Los autores del estudio llegaron a la conclusión de que sería muy eficiente tener un tratamiento a manos de Big Pharma. Ahora esto es algo que, desde el gobierno de la almendra, le pidieron que hiciera, y vaya si lo hizo.

De manera casi obligada, por el entorno, terminó estudiando los efectos dañinos, en el hígado, de las drogas psicotrópicas. 

Adel vive en una casa de un pequeño vecindario del barrio de Comillas, visita como médico el peligroso asentamiento de chabolas de María de Austria, el que había sido un parque.

María de Austria, es la única parte del distrito, habitada exclusivamente por una sola pandilla. Quizás por eso no hay tanto conflicto como las continuas peleas entre bandas como ocurre pasando la M-40. Los jóvenes de este barrio, ni siquiera sabemos cuántos años tienen exactamente, el registro civil dejó de funcionar desde la tercera cuarentena. Estos jóvenes deambulan por las calles con un claro deterioro físico, muy mal alimentados y en muchos casos con un grado de deshidratación que terminan en una agonía a veces irrecuperable. Hay muchos  allí, que viven en la miseria, atrapados en el infra mundo de las drogas sintéticas y otros en el abandono de una familia extraviada. 

Estos jóvenes, a veces niños, todavía tienen ilusiones, aunque no saben cómo salir de ese círculo vicioso. La familia de estos adolescentes zombis, generalmente está desmembrada. 

Recuerdo que desde la tercera cuarentena los distritos periféricos ya no pudieron proporcionar un solo día de trabajo a familias enteras. Quedaron a la deriva, a merced de los gavilanes, los pandilleros de ese parque. Al principio de la crisis, la tasa de suicidio creció exponencialmente, hace un tiempo que está estabilizada.

Es ahí donde las visitas de Adel, se vuelven indispensables. Él trabaja recuperando esa joven generación, a sus núcleos familiares. Trabaja en el único centro de salud de apoyo en el corazón de la chabolada. Este único centro, claro, funciona también como comedor popular. Adel hace las consultas de este barrio, y él mismo es el que les compra la medicación cuando hace falta. Eli su pareja, hace un gran aporte atendiendo el comedor popular.

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