Amor a primera / Deep Madrid 28/82

Tenía los ojos bien abiertos y no había forma de que pudiera mantener la cara seria ni por un momento. Se puso de pie con las manos en la cadera, en un gesto de clara provocación, y hasta eso, lo hacía con gracia. Necesitaba un trago, al menos para disimular que no podía dejar de mirarla. No había nada que le hiciera sonreír tanto, en este momento. Esa fue la primera vez que habló con ella, la amó antes de preguntarle el nombre. 

Se fueron juntos de la fiesta, a celebrar su encuentro. Casi no durmieron y apenas hablaron. 

Cuando se despierta a la mañana siguiente, todavía arropado de tantas caricias, sale a buscar unas napolitanas para el desayuno. Todavía tenía la sonrisa en los ojos. 

Llegó a la esquina y chocó con la realidad brutal. Encontró a sus padres muertos en la esquina dentro de su propio auto. El hilo de sangre que cruzaba sus rostros era una clara señal de la ejecución. Las emociones, el dolor, la rabia, la impotencia, todo a la vez. 

Su única salida era reaccionar rápidamente.  Seguramente los agentes no estarían lejos. Apretó la mandíbula, pisó más fuerte la acera. Compró las napolitanas, como si no pasara nada y regresó al piso, quizás tuvieran tiempo de escaparse, antes de que llegaran los funcionarios. Él sabía que cuando los funcionarios iba por uno de la familia, caían todos. Se dio cuenta de que esto era algo que podía suceder. No pensó que pasara tan pronto, pero era posible y pasó.

Ni bien entró a su casa, miró a la mujer y no necesitó palabras para explicar las lágrimas en su cara. Ambos sabían lo que tenían que hacer. Cargaron la mochila de 72 horas y el timbre los interrumpió. 

Miró por la mirilla, era un hombre que se parecía un poco a los guardias de su vecindario, pero no lo era. Lo había seguido hasta su casa sin que se diera cuenta.

Ella estaba asustada aunque pretendía que no. Abrió la puerta, no quedaba otra, igual iba a entrar. El hombre puso la pistola en la cabeza y disparó a ambos. Fue un tiro limpio como era su costumbre, solo se escuchó el ruido de las mochilas golpeando el piso. Cuando ellos cayeron al suelo, la puerta ya estaba cerrada.

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