Adel, el médico II / Deep Madrid 35/82

En el pequeño pueblito, de no más de un centenar de personas, muy cerca de donde crecí, había capacitación para atender en su sala de primeros auxilios. La había aprovechado a más no poder. Suturaba heridas, componía fracturas, tomaba la presión y hasta asistía en alguna operación de urgencia que, en esta área rural, eran seguidas. Estábamos alejados de cualquier centro de salud, los paisanos y los refugiados venían continuamente. 

Que quieres que te diga, llevo un extra de adrenalina en mi sangre, creo que por causa de mi madre que estuvo huyendo durante toda mi infancia; solo los dos, huyendo de la sequía de su país de origen. Huyendo de su violenta pareja. Huyendo del hambre. De hecho nací en esa sala de primeros auxilios, donde luego atendería en mi juventud. Tengo unos recuerdos muy cálidos de mi niñez en el campo.

Años más tarde, tuve la oportunidad de convertirme en médico. Al cabo de estudiar unos intensos cinco años, estaba listo para ejercer. 

Me di cuenta de que mis compañeros de medicina, eran estudiantes sin formación alguna en esta rama. Fue increíble cuando los médicos docentes me miraron y reconocieron que tenía experiencia con el cuerpo humano. Sabía como reaccionaba y como tratarlo en emergencias. Esa habilidad nos ayudará a nosotros y a tus compañeros, a la hora de las prácticas en emergencias callejeras. Estaba listo. 

De esas prácticas callejeras, todavía tengo pesadillas. La peor de todas es el recuerdo de cuando asistí en la masacre de la calle Antonio Leyva. Nunca había visto una escena de semejante violencia. Había sangre y restos de personas por todos los rincones, una papilla humana desparramada en camas, mesas,  paredes. Todo era una mezcla viscosa, hedionda, inhumana. Cuando creía que lo había visto todo, entre náuseas, fui al baño y allí encontré lo peor. La muerte injusta duele más, la muerte violenta de niños te duele toda la vida.

Claro que iba a asistir emergencias mucho más violentas, más injustas e innecesarias. Pero la primera fue la que me marcó de por vida y decidí hacer mucho más que atención de emergencia. Empecé a implicarme con el incipiente movimiento barrial de resistencia. También empecé a trabajar en la Big Pharma, una manera directa de conseguir medicamentos para los vecinos.

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