Alfonso II / Deep Madrid 42/82

Durante el transcurso de ese año, fui ayudante de un funcionario tutor, en una redada en el distrito donde está mi instituto.  El equipo donde ejecuté esa práctica estaba preparado para lo que fuere. Sabían lo que hacían en cada momento. Fue una redada limpia, ascética. El equipo tuvo que ejecutar a cuatro como para que el resto, casi veinte de los atrincherados en la caseta, se doblegaran sin apenas poner resistencia. Las ejecuciones fueron secas. Perfectas. Pude con una.

Sentí que pertenecía al equipo, sabía qué hacer, dónde ponerme. Disfruté cada minuto. No me pagaron por ese trabajo extra; me daba igual. Esto era lo mío. Esa noche no dormí de la excitación aunque me tomé el relajante que me dieron en la práctica. El funcionario de turno me había avisado que no podía compartir los avances de mis prácticas, con nadie, ni siquiera con mi madre. El hermetismo también era parte del ejercicio y era donde el mayor puntaje de las calificaciones. Parte del ejercicio era controlar la excitación, la emoción de la experiencia antes o después de ocurrida. Tampoco podía alterar mi comportamiento rutinario ni el de mi familia. Todo debía quedar sin inmutarse. Eso había sido lo más difícil. Estaba desbordado de alegría. ¿Cómo no lo iban a notar?

No me podía sacar de la cabeza el olor del sudor y el miedo. Me había hecho reflotar aquella vez que, de casi niño, le di una golpiza tremenda a uno que intentaba escapar de un agente. Era el doble de mi tamaño, pero igual, con un palo, le pegué hasta que desapareció como río de sangre por la alcantarilla. El Viso tiene eso, los funcionarios nunca detienen a los del barrio.

Recuerdo que decidí esforzarme mucho en todas mis tareas. Esa noche me prometía ser uno de los mejores funcionarios de la ciudad. Sabía que no era fácil para muchos agentes del gobierno y sabía que tomaría algún tiempo, pero era la forma que había decidido tras la redada. Era mi clara vocación de servicio. Era lo mío. Que feliz que estaba. Llenaba con pasión mis ideales, los hacía posibles.

Lo quería hacer por el resto de mi vida. El Instituto, y esta pasión clara, debía mantenerla enfocada. Iba a trabajar duro en las áreas que fuera necesaria. Quería ser el mejor, de la clase, de mi equipo y de mi barrio. Por un momento solo quería ir a la escuela, y no quería intentar nada más que hacer mi trabajo y trabajar duro y hacer lo mejor que podía. Sí que lo iba a lograr.

A partir de esa práctica, no pude dejar de pensar en las ejecuciones secas. Me parecieron un hallazgo los Tasers de 2A, tendría que probar mejorarles la potencia. Quedan ahí, fritos.

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