De conejos y plagas / Deep Madrid 43/82

Mi amigo y yo íbamos de camino a nuestro poblado natal a una reunión sobre ayudas a la producción rural. Caminamos bastante por una huella apenas marcada, el encuentro era regional y secreto. Durante el camino, mi amigo se despachó, con ganas, al hablar de lo mucho que odiaba a los funcionarios. Quería convencerme de que son un montón de mierda fatídica que lo único que hacen es empeorar el clima social. Y así, toooodo el santo camino. 

Recuerdo que atinaba a afirmar con la cabeza, poco más me dejaba hacer. Tanta pasión me mareaba. No me interesaba nada de lo que hablaba, no lo entendía, no tenía nada que ver conmigo. Ni los nombres, ni los hechos, ni nada. 

Yo quería hablar de las plagas en la huerta, de la cosecha de la cebada, de cuánta cerveza haríamos ese otoño. Hablar de los posibles apoyos para la nueva siembra. Preguntar  si se consiguieron suficientes semillas y de que tipo. Contarle que el alambre que me dio, alcanzó para perimetrar el huerto. 

Lo de los funcionarios, que eran nefastos, está bien, ya entendí su opinión.  Podría acabar de una vez, además ellos solo se movían en la ciudad. Nosotros estábamos alejados de ese berenjenal, y de hasta de la mano de dios. La falta de lluvia era lo que me preocupaba y esa calima indomable que me agotaba.

De vez en cuando le interrumpía por interrumpirle nomás, por ejemplo le pregunté sobre la merma de conejos, como le hubiera preguntado por los lobos o los topos. Su reacción áspera me hizo tropezar con una raíz que se cruzaba en mi camino. Casi me gritó, moviendo los brazos de aquí para allá. Me pedía que piense, por un momento, lo que estaba sucediendo. Que fuera preparándome. No volverían los conejos silvestres por la zona, ni los lobos, ni los topos, ni los jabalíes. Los de la ciudad bajaban cada vez más al sur para cazarlos. Y con la gente iban a venir los funcionarios, a romperlo todo. Malditos funcionarios. Maldito gobierno. 

Otra de las interrupciones que pude hacer fue un comentario sobre las nuevas plagas en el huerto. ¡Para qué! Otra vez los gritos, las gesticulaciones, otra vez el gobierno y sus vuelos de fumigaciones. Otra vez más de lo mismo. Y otra vez la frase que lo resumía todo:  malditos funcionarios, maldito gobierno. Pregunte lo que pregunte o hable de lo que hable, todo lo relacionaba con el gobierno. 

Yo nunca salí del campo en el que viví toda la vida, lo que me contaba no terminaba de dimensionarlo. No lo entendía del todo. Y me quedé callado, total a él no le importaba lo que yo pensaba, él siempre terminaba hablando de los funcionarios. Me di por vencido. Lo quería mucho, ese día no me importaba y apenas quedaban un par de horas para la reunión.

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