La pareja de Alfonso / Deep Madrid 44/82

Llego un poco tarde al trabajo, y me voy mucho después de mi hora. 

Trabajo desde hace un par de años como gerente de los Servicios Sociales,  en la calle Delicias, frente a la estación de tren. Prefiero el tren al metro, menos paradas, más rápido. De regreso a casa, suelo pasar por el Centro Comercial Príncipe Pío, que me queda de camino. Me gusta comprarme alguna cosita para el fin de semana. Acaricio mi vientre, falta poco para que llegue nuestro tercer hijo. Estamos muy felices. Será una nena y le pondremos Ana María.

La mayoría de los empleados del gobierno apreciamos la rutina. Los mismos horarios, las mismas respuestas, son importantes para mí. La rutina me da esa certeza de que todo está bien.

Cuando me postularon para el puesto de la sala de primeros auxilios, allí en Delicias decidí fortalecer mi rutina, aferrarme a los horarios, para que nadie notara mi ansiedad. La mejor manera de conseguir ese trabajo en la organización era continuar con las prácticas que eran cada vez más sangrientas y extenuantes. A contraposición mi rutina diaria era más sólida.

No le había contado nada a Alfonso, por si no me daban el puesto. El pobre ya tenía bastante con su trabajo en El Viso. En su zona, la inmigración había subido un poco y estaban alarmados. No se podía ser más feliz al lado de una pareja que hacía de mi vida un día mejor que otro y no lo quería estropear con la carga de mi ansiedad. Él hacía lo mismo, no hablábamos de trabajo.

Con el paso de los meses las prácticas eran cada vez más fáciles. Me confirmaron el puesto cuando ya no esperaba conseguirlo. Los primeros días en la sala, estaba un poco insegura. No pensé que podría hacerlo, porque no tenía el tipo de experiencia para estar en ese lugar, apenas era una contable que tenía que redactar un informe de situación. El gobierno premia la eficiencia en todos sus frentes, mi objetivo es que esta sede consiga resolver el nudo económico de la administración ante las oleadas crecientes de la inmigración. 

La presión en el área sanitaria, en el distrito de Arganzuela era de las mayores de la ciudad. El índice de criminalidad era tan alto que nadie quería ir más allá de la M-10. El barrio de Chopera y Legazpi se mantenían a duras penas con una vigilancia permanente y aun así las incursiones hostiles no cesaban. Aumentaron el presupuesto para incorporar francotiradores, pero todo parecía poco.

Fue entonces, que luego de un análisis extraordinario entregué mi informe de situación, el corolario era pedir a la administración un cambio en la cabeza que organizaba la defensa del área. No estaba funcionando, demasiados permisos concedidos para que vengan a trabajar del otro lado del muro.  Necesitábamos sangre joven, visionaria para poner orden en las calles de mi distrito. Propuse a mi primo era Coronel, sabía de sus capacidades.

Como respuesta al informe me ascendieron a la gerencia para que tuviera plena libertad de acordar con el flamante Coronel, para asegurar Arganzuela. Hacía falta una mano firme que no temblara con la ejecución de las sentencias.

Con el tiempo estoy muy satisfecha con la tarea emprendida. Las cuentas están en orden, y los Servicios Sociales están dando una buena ganancia. Ayudó bastante nuestra legislación, por suerte, en este distrito, la pena de muerte es legal y por más que los políticos, empujados por la inmigración de los barrios quieran limitarla, no creo que lo consigan. 

En dos meses, podré venir al trabajo, con Ana María en brazos, segura al caminar por mis calles.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s