La ONG / Deep Madrid 47/82

Al principio había un grupo de nosotros, que colaboraba con el gobierno, era lo propio para conseguir subsidios, aplicar a convenios. Pensábamos que era importante para asegurar que todos pudieran conseguir un trabajo formal. AMADUR, era una ONG que proporciona atención y acogida a refugiados e inmigrantes, promoviendo la inserción y la igualdad de derechos. Teníamos que haber supuesto que el gobierno no nos apoyaba precisamente, su  interés era solo por nuestra red, no la ideología que la cruzaba.

La ONG era un problema para ellos tanto económicamente como políticamente. Tenían un programa para la aplicación de sus recursos, en que solo iban a incorporar a la red a sus funcionarios más leales. No confiaban en nosotros.

Pensamos que el presupuesto de la ONG iba a ser reducido poco a poco hasta cancelarlo, para que no pudiéramos conseguir trabajo, vivienda o servicios, al grupo amparado por nuestra entidad. No nos imaginamos que lo que sucedió fue peor que cancelarnos el programa. Empezaron a infiltrarnos a sus funcionarios. No nos dimos ni cuenta.

Nosotros seguíamos pensando en que nos iban a cerrar.  Iba a ocurrir, tratamos de estirarlo lo más posible. Iba a ocurrir. Ojalá hubiera ocurrido.

Cambiamos de método, les decíamos a cada uno de los nuestros, de manera no escrita, dónde ir, a quién recurrir y cómo hacer para mantenerse a salvos.  No había volcado datos reales. Mantuvimos la discreción lo más que se pudo. Había que demostrar que estábamos trabajando acorde a sus principios, dispuestos a aceptar sus presupuestos. Falseamos direcciones y nombres. Pero no alcanzó. Nada alcanzaba para su voracidad.

Cuando al fin, vimos que la filtración estaba desbordada, empezamos a borrar nuestras bases de datos “accidentalmente”. Fingimos robos, incendios y a los datos de la nube los infectamos con un virus que dejó todo a cero.  No, no alcanzó. Ya estábamos mucho más coptados de lo que imaginamos.  Se habían drenado todos nuestros datos, y con ello  la condena a muerte de nuestros protegidos. La cacería empezó en seguida, los reducían y regresaban a la ONG ahora convertida en centro de detención. Supimos de torturas implacables durante días y de ejecuciones masivas.

Hubo días oscuros, en los que sabíamos que no llegábamos, no podíamos hacerlo. A veces era difícil conseguir un mínimo de recursos para proteger a algunas familias, a niños, a los mayores. No fue justo. No fue justo para los nuestros, para nadie. Tuvimos que dejar nuestros lugares y escondernos con muchos de los refugiados entre los túneles. No pudimos regresar a nuestros hogares, ni nuestros protegidos podían andar por las calles o regresar a ningún sitio en el que hubieron estado. Estábamos condenados a muerte. 

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