Los jóvenes después de la partición / Deep Madrid 63/82

Cuando terminó la primera desfragmentación, los pueblitos rurales, eran en su mayoría, un cúmulo de basura y barricadas rotas. La cadena de suministro, los servicios públicos, la estructura social se había roto y por supuesto no había recogida de basura, ni alumbrado o limpieza, ni alcalde que organizara, ni nada parecido. 

Un grupo de jóvenes, que no habían vivido otra cosa que esta suerte de anarquía y desidia, aportaban bastante caos al pueblito, que estaba en medio de una sierra norte, más allá de una hipotética M-50, nunca más aislada que ahora. 

En ese deambular diario y aburrido dieron con el palacete escondido del anciano más famoso de la región por sus andanzas juveniles. Según las historias escuchadas, era un traficante de armas y drogas, retirado que había conseguido delinquir toda su vida sin ir a prisión. Fue como sacudirse del letargo rural a la hora de la siesta. No podían creer siquiera que existiese. Desde siempre escucharon todo tipo de historias sobre él. Ahora estaban frente a su casona. 

Por supuesto que entraron a la propiedad del viejo, y recibieron la feroz bienvenida de una jauría que los fueron llevando, como si fueran borregos, ante un anciano que disfrutaba del sol al borde de su piscina templada con paneles solares.

El anciano sabía que habían entrado a su propiedad porque tenía un sofisticado sistema de vigilancia y defensa; los había dejado pasar porque estaba más curioso que los propios jóvenes. Él también estaba aburrido.

Pasaron la tarde allí, y se repitieron estos encuentros todos los sábados. En una de esos encuentros, llenos de historias apasionantes, peligrosas, e inolvidables, le preguntaron cómo empezar a hacer dinero, o por lo menos, como empezar a hacer algo para salir de ese tedio.

El anciano explotó en una risa casi perfecta, un canino superior de oro, le daba un aire de pirata. El grupo de jóvenes, se miraron entre ellos, no entendiendo que estaba ocurriendo. Al fin y al cabo estaban dispuestos a sacrificarse en pos de los laureles añejos del viejo, ¿y se burlaba así de ellos?

A ver, jovenzuelos, empezó el viejo, tras un vaso de agua que le ayudó a recomponerse ¿Están seguros? Piensen bien, y presten mucha atención, porque no les voy a regalar nada, tendrán que empezar de cero. Conversen entre ustedes y si siguen queriendo trabajar en el gremio, vuelvan el próximo sábado. Les doy una semana para masticar muy bien la respuesta. No pueden hablarlo con nadie más que entre ustedes, por obvia razones.

Claro que volvimos, estábamos excitadísimos, como nunca antes. Estábamos dispuestos a hacer lo sea necesario. Esa semana nos pareció eterna. Por fin llegó el sábado.

Bien, bien. La gente necesita conocerlos y confiar en ustedes. Lo más importante es conocer el territorio como la palma  de sus manos. Si quieren aprender de cero tienen que hacer exactamente lo que les digo que hagan.

No regresen aquí, hasta que haya pasado, por lo menos tres meses, de mantener el pueblo limpio. Organicen, recojan la basura y barran las calles. Que no quede ningún rincón olvidado por ustedes. Acuerden con los vecinos los puntos de recogida de la basura para que sea más fácil la tarea. Vuelvan al sistema de separación de residuos, vidrios, plásticos, orgánicos y varios. Hablen con la vieja cooperativa para que vuelva a funcionar y reciclen la basura.

Al término de esta operación, me traen, lo que considero es la prueba de la tarea bien cumplida, un mapa dinámico y exhaustivo con los detalles del terreno y la población, sus usos y costumbres diarios. Si tardan más tiempo, o abandonan, no importa. Pero si el mapa tiene fallos, o no responden a alguna de mis preguntas posibles respecto del territorio, no podrán volver por aquí nunca más. La prueba no se repite. Es única. No me gusta perder el tiempo con incompetentes, prefiero vagos que inútiles.

Dio por terminada la reunión, nos dejó la comida con su empleado y se metió en su gran casona acristalada a prueba de balas. Ellos en el jardín, se quedaron discutiendo las órdenes recibidas, pero acabaron en seguida. No cuestionaron, en absoluto, el rango del anciano ni su experiencia. Se pusieron manos a la obra, haciendo un primer mapa del pueblo, a modo de borrador, para organizar la tarea y empezar a tomar apuntes. 

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