Proyecto / Deep Madrid 65/82

Hace una semana, cuando regresábamos en el metro, a mi apartamento en Chamberí, mi compañero de oficina, me pregunta si estaba interesado en comprar una casa con un poco más de atractivo que mi piso, algo mejor ubicado y más luminoso. Me dijo que él, ponía en venta el suyo porque se iba a su nueva casa, en la Sierra Norte, que ya quería dejar de trabajar para disfrutar de la familia, el sol y la sierra. 

Me decía que no era por el dinero que se iba. El dinero era para los sueños. Durante décadas, había soñado con poder vivir en un lugar donde su familia pudiera comer y beber y salir a ver amigos y a familiares, sin restricciones, sin visas, sin apremios. Estaba asfixiado de tantas prohibiciones y deseaba algo mejor. Y los sueños, pueden ser reales ahora. Tiene una hija de treinta y un años, con dos nietos pequeños de tres y seis, y el otro hijo de treinta y cinco pero soltero todavía, aunque tiene una hijita de dos años que es la luz de sus ojos. Juntos podrían crecer y compartir esa nueva experiencia de vivir en armonía con la naturaleza en un entorno amable. 

Me contó hasta como hacer un horno de pan, y ser autosuficiente con la huerta. También me contó que había conocido a varias familias que estaban instaladas desde hace años en la sierra y tomaban las decisiones consultándolas con los otros. Hacían trueque. Algunos se especializaban en vinos o cervezas, otros en frutos secos y que lo suyo sería el pan. El panadero que tenían hasta entonces ya estaba muy viejito y necesitaban otro que pudiera cubrir las necesidades de los campesinos.

Yo lo dejaba hablar, al principio pensé que estaba desvariando.

Este último mes, durante las horas que compartimos en la oficina y en los viajes de retorno a nuestros hogares, su tema favorito se enfocó, casi obsesivamente, en el proyecto de cambiarse de residencia. Me pintaba cien soles en la sierra, champiñones grillados, y uvas fermentadas.

Tuve que informar sobre su comportamiento obsesivo e inestable, porque no quería estar involucrado en un relato que no fuera el oficial, ni alternativas a nada. Sería peligroso para mí y mi familia, que algún funcionario descubriera que tengo relación con algún posible disidente. 

Creo que lo internaron para hacerle una cura de sueño o algo así. No volví a verlo. Su piso sigue vacío, seguramente estará en su nueva residencia en la sierra o estará bajo tratamiento, o quien sabe. Él no regresó a la oficina y tampoco preguntaron nada.

La mente humana hace trampas, hay que sujetarla como a un buen caballo de carrera, que hay que tensar con la suficiente firmeza como para aprovechar su fuerza y que te haga ganar la carrera. Se ve que mi viejo compañero perdió la cabeza en algún momento.

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