La ejecución / Deep Madrid 66/82

Fue un día bastante malo. El primer día realmente malo. Me sentía tan mal, pero tan mal que no podía pensar en otra cosa que no sea esa malitud que me rodeaba. No pude dormir en absoluto. Todo esto sucediendo alrededor de mi cuerpo, como una sombra que me asfixia, Sentía mi vestido de seda como si fuera de petróleo, se adhería a mi piel de manera untuosa y pesada. Mi nuca, aunque tuviera el pelo recogido, transpiraba por sí misma de una manera fría que me recorría el cuello. El sudor se marcaba en mi espalda y se pegaba en las costillas. Los aretes parecían dos plomadas que me estiraban las orejas. La densa saliva no lograba pasar más allá de la tráquea y la boca seca, cuarteada no se humedecía ni aunque tomara agua. Mis manos temblorosas no lograban aflojar la cinta de los Louboutin, que sentía como rellenos de cemento. Mi corazón saltaba más allá de mí y se estrellaba contra el suelo pantanoso.

Quería mostrar que todo estaba bien, que nada me estaba pasando. Tuve que darme un poco más tiempo antes de hacer mi presentación. Tenía que poder controlar esta situación. 

Tuve que mantener la cabeza en alto. Quería ir a mi casa en un abrir y cerrar de ojos, pero estaba allí, frente al auditorio con un público selecto. Llegué hasta allí y no me iba a hundir en ese contínuum pegajoso. Tenía que resistir con los ojos abiertos pese al peso de los párpados. No tenía que decir nada, solo estar parada ahí y bajar los puntos de controles. La ejecución debiera ser limpia, como todas las que he hecho anteriormente, esta no iba a resultar diferente. Nadie se daría cuenta del peso de mis pensamientos intrusivos, no por nada he tenido las mejores calificaciones para este puesto. La neurociencia cognitiva está en alza y yo con ella a la cabeza, aunque hoy la mía parezca estar bajo un sombrero ajustado de hierro caliente. Llego a los controles y levanto mi mano de manera suave y bajo dos puntos más el control de ejecución. Salió todo bien, el pobre desgraciado ni sintió la ráfaga de tetrodotoxina que tampoco se lo esperaba, estaba en su habitación leyendo a la espera de la ejecución. Mis ejecuciones son rápidas e  impecables. Otros verdugos prefieren hacer sufrir al delincuente en una agonía de horas. Son unos desalmados.

Ahora viene el brunch, quizás pueda saltarlo e irme a mi casa tan rápido como pueda.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s