La dos de San Isidro / Deep Madrid 71/82

Nací en intramuros, pero crecí en San Isidro. Mis padres se opusieron activamente a este gobierno desde muy jovencitos. A mi padre no lo conocí, lo mataron antes que naciera. Mi madre me contó que ella escapó gracias a que mi padre la cubrió con su propio cuerpo. A él lo mataron a cuchillazos, le cortaron las manos y la cabeza. Lo desmembraron, junto a muchos de los compañeros. Aquello fue una carnicería, una masacre. Ocurrió en la misma aula donde estaban cursando Historia, en medio de la clase. Todos vieron lo que sucedió. La impunidad con que la asesina, con un cuchillo empezó a degollar a los compañeros, que no coincidían con su relato, era aterradora. Todos, allí, vieron quién ejecutó, la conocían bien. Luego de ese ataque, la nombraron directora y le dieron dos cátedras de Observatorio. Una brutal injusticia que nadie olvida en el barrio donde vivo. 

Mi madre junto a un grupo de compañeros de la cátedra, huyeron por unos túneles del metro y se establecieron, en el piso de uno de ellos, en San Isidro. Los que no cruzaron, fueron cazados uno por uno, detenidos o ejecutados.

Ella hizo muchas cosas para sobrevivir, desde vender en la calle tortitas de maíz hechas por ella, dar clases en la biblioteca o hacer changas de la construcción. No había mucho trabajo, agarraba lo que podía hasta que por fin entró en Big Pharma. Claro, habla inglés perfectamente y eso a la farmacéutica le venía bien para mejorar sus ingresos a través de la exportación. Es muy buena en el departamento de ventas.

Mujer de negocios desde hace muchos años. Nunca conocí a una persona que trabajara durante tantos años. Los de la farmacéutica no se cansan de elogiarla y preguntar dónde había estado todo el tiempo anterior a ellos, y se sorprendía cuando ella les decía que no era mentira, que de verdad, que vendía tortitas en la calle. Nunca hablaba de su época como estudiante. 

Mi madre no se volvió a casar, decía que ya lo había hecho una vez y para siempre. Una romántica. Se dedicó a la causa y se convirtió en agente de apoyo de la  lideresa de San Isidro. Siempre protegiendo al barrio, pendiente de lo que necesitaran.

Big Pharma también colabora con la causa, la dirige Adel, viejo amigo de mis padres. Conformaron una buena dupla, él se ocupaba de atender las urgencias más cercanas y mi madre de extraer beneficios, negociando básicamente con vecinos más allá de la almendra.

No hace demasiado tiempo, llegó un pedido de intramuros, muy específico que requería un tratamiento SAR441000(BNT131) basado en tecnología ARN mensajero (ARNm). Siempre pedimos el perfil del paciente y muestras de ADN, sangre, orina y demás, no porque sea necesario para venderles el tratamiento, sino porque aumentábamos nuestra base de datos. Lo sé porque estaba junto a mi madre cuando Adel se lo dijo. El hospital que pidió el tratamiento trató de ocultar al paciente, algo imposible para nuestro protocolo. Adel antes de enviar la muestra le preguntó a mi madre que quería hacer. ¿Lo enviamos o no?. Ingenua de mí, quizás por mis pocos años, pero no entendía por qué Adel le preguntaba a mi madre sobre algo que no era propio de su departamento.

No tuve que esperar mucho tiempo para saber la respuesta. Mi madre sin inmutarse le pidió a Adel que enviara el tratamiento intravenoso solicitado, mezclado con dosis diarias dobles aumentativas de Krokodil. Y análisis cada 7 días, para comprobar su evolución. Esa mujer no se tenía que morir tan pronto, al menos no de cáncer. Esa mujer había matado a mi padre, y ahora llegaba servida en bandeja. No, mi madre no lo iba a dejar pasar.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s