La brigada de Herodes / Deep Madrid 72/82

Mi padre, miembro de la Fuerza Militar desde su nacimiento, era coronel desde que me acuerdo. Abuelos, bisabuelos, yo mismo, generaciones de militares. Mi padre era un gran defensor y cultor de la idea de que la mejor manera de doblegar a la insurgencia del sur, era acorralarla y desanimarla a fuerza de matar a quien lo intentara. No se podía negociar con ellos, ni reeducarlos, ni nada. Solo ejecutarlos. 

Después del primer intento de invasión, por parte de los rebeldes en el barrio de Legazpi bajo su mandato, estuvo allí, en la primera línea para detener al enemigo. 

Causó muchas bajas en el enemigo, a tantos que desde el gobierno se rumoreaba que el coronel estaba recuperando los barrios del sur de la M-30, incluido Entrevías, San Diego y San Fermín que mantenía en continuo jaque. Ni recuerda los ríos de sangre que causó, no era lo importante. Cada una de sus hazañas están escritas en nuestros libros de educación primaria, de lectura obligatoria, son pura inspiración. 

Él resumía en una frase su legendario paso por la Fuerza: La única misión era ejecutarlos de una manera que no pudieran recuperarse. Asestar un golpe tras otro, para que no se levantaran. Obligarlos a entrar en shock. Ejecutar y si era sin motivos mucho mejor. Ejecutar sin excusas provocaba el desconcierto, el pánico, la depresión y la deserción en las filas enemigas. La masacre de niños menores de dos años, era la especialidad de las fuerzas que él dirigía y el examen de ingreso a su brigada. Con esas ejecuciones, no solamente se evitaban a un futuro soldado, sino que debilitaban a su núcleo familiar y desestabilizaban un grupo social. Para mi padre, todos los días eran veintiocho de diciembre.

La forma en que defendían a la almendra era atacando a esos barrios populosos, haciendo estallar todo el distrito en culpas cruzadas, en madres deprimidas incapaz de recuperarse.

En el período bajo su mandato, la brigada ocupaba la sede central en el Parque Tierno Galván, y los puestos de avanzada en el Lineal del Manzanares y Entrevías Forestal. Los tres, funcionaban como centro de detención y reeducación de la población. Tenían estrecho vínculo con la dirección de la ONG AMADUR de Delicias quien decía era su mentora.

Con su trágica e inesperada muerte, hago mía su misión, hago propia su vocación y que mi nobleza sea tan fuerte como la suya.

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