Relatos cruzados / Deep Madrid 75/82

Hablamos de las posibles consecuencias hace algunos años, mientras trabajábamos en una librería del barrio de Lavapiés. Estábamos escribiendo una novela corta, cada uno como si fuera el otro, con su estilo, sus intereses. Al experimento lo llamamos el relato cruzado. Un juego estimulante para medir habilidades, y tener nuevos puntos de vista sobre el tema de cada uno. Nos fijamos el plazo de mes y medio para terminarlo. Imprimimos un puñado de ejemplares y los pusimos en las estanterías de la librería donde trabajábamos. 

Decidimos un sobreprecio por cada ejemplar, que se vendían juntos, colores diferentes, mismo título, llamados Relato Cruzado 1 y 2. Ambos pensamos que a ese precio no habría manera de que se fuera a vender. A la semana ya batíamos récord de ventas. Lo hicimos como una picardía, una broma al lector. Claramente, subestimamos sus consecuencias.

A los pocos días, de haber puesto a la venta los libros, tuvimos una reunión con el jefe, se lo veía desolado. Una buena persona, seguramente algo personal enturbiaba su ánimo. Estuvimos en su oficina algo más de una hora. Con una charla sin rumbo. Repleta de vaguedades, digresiones. Cuando entró la Brigada del barrio, ahí me quedó todo claro. Nos llevaron a su sede central.

Una y otra vez nos preguntaron cuantos ejemplares habíamos vendido, a quienes, cuantos imprimimos, quienes habían leído nuestro trabajo. Secuestraron nuestros ordenadores, impresoras y todo dispositivo digital que llevábamos encima, también los que usábamos en el trabajo y por supuesto, los de nuestros hogares. 

Los interrogatorios se repetían varias veces cada día. No había violencia explícita. No sé que fue de mi compañero, no lo volví a ver desde que nos separaron en el segundo interrogatorio. Una tanda interminable de psicólogos, psiquiatras y analistas me visitaban a diario. Alternaban confort con hostigamiento. Todo era bastante mental. Si no fuera por la incertidumbre del desenlace, la situación me resultaba entretenida, estimulante. No paraba de tomar apuntes mentales para posibles relatos.

Los dejaba hurgar en mi psiquis, como quién invita a un laberinto. Los iba guiando en su ingreso y luego los hacía perder en un enjambre de posibilidades. Tenía que estar muy atento de que no apareciera ningún Teseo.

Ni yo recordaba cuál fue la motivación de escribir algo que no sea el relato del gobierno. No tenían que saberlo tan pronto, de momento es lo más excitante que experimentaron mis dendritas. 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s