Melancolía / Deep Madrid 76/82

Solía vivir en Comillas, frente al río Manzanares. El piso era pequeño, pero tenía una muy buena iluminación, el sol entraba por la mayoría de las ventanas. Solía comprar muchas cosas al otro lado del puente y trabajaba en una tienda de comestibles regionales en el Mercado de San Fernando. Solía caminar por las pequeñas calles de Lavapies y disfrutar de tartas con cafés. Disfrutaba de caminar descalzo en la playa de Madrid, en el Parque de Arganzuela o echarme bajo los pinos a escuchar música.

Hay tantas cosas que hacemos o dejamos de hacer sin pensar. Nos vamos achicando para entrar, para adaptarnos, para sobrevivir.

Creo que estuve trabajando en mi casa durante un par de años. En el momento en ya no era obligatorio, pero no me atrevía a salir, buscaba una excusa tras otra. La tarta con café, me llegaba a la puerta, igual que las citas amorosas, el cine, y hasta tenía una cinta de correr conectada a un TV, que apenas entraba en la sala, con un paisaje que replicaba el Madrid Río de mis recuerdos. Un verano me lo pasé tomando sol a través de la ventana, hacía tanto calor que me puse una pequeña piscina de niños ahí mismo, en la sala y hasta me compré una hamaca paraguaya para disfrutar del atardecer urbano. Todo Indoor. Tan Indoor como mi muro de escalada. Inclusive hice una red trazada con cuerdas sujetas al techo, para poder ejercitar de diferentes modos. Era mucho más seguro y fácil mantenerme en casa, con un confortable chándal.

Vivía en Comillas, pero en aquel momento de encierro, podría haber sido la china, o Mozambique. Creo que sigo en el mismo lugar. Hace rato que no me llegan los pedidos, pero no podría precisar cuánto tiempo pasó desde el último que me enviaran, no sé, quizás años. Casi todos los días llego a mi puerta de salida, y hasta la abro. Creo que puedo salir, pero la vista se me nubla, comienzo a transpirar, siento un hormigueo en todo el cuerpo, lo intento, pero desisto. Por suerte estoy rodeada de gente amable, mi vecino pasa seguido, hablamos mucho, nos contamos sobre el día, me deja el pan y alguna otra vitualla y lo que necesite para el día a día. Uno de estos días voy a regresar al parque para tenderme bajo el olor de los pinos.

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