El último mercadillo / Deep Madrid 82/82

Tenía un puesto en lo que quedaba del Mercado de Antonio López. Esa mañana, que me gustaría olvidar, pero tengo marcada a fuego, estaba sentada en la tienda de comestibles, devenida a centro de distribución temporal, junto a los puestos de carnes y los productos secos que hacían lo mismo. Sobre los estantes, daban pena las escuálidas espinacas, las pocas papas y el puñado de cebollas que habían sobrado. El resto de las verduras ya estaban en raciones listas para repartir a las familias del barrio con turno para venir. 

Empezábamos a las 6, para las 12 ya me podría haber ido a mi casa. Los días de entrega de bolsones son básicamente sociales, nos sirve para mantenernos informados de manera directa. Nos contamos las necesidades que tenemos, apuntamos lo que haga falta, y luego los grupos de recursos se ocupan de conseguirlo a como dé lugar.

Nuestro tejido social, estaba muy bien ensamblado, sin fisuras, el barrio era muy seguro aún en esos tiempos difíciles. Por eso me sorprendió cuando, a mitad de la mañana entró, al mercado, una brigada de funcionarios, armados, y se llevaron los bolsones que todavía quedaban. Para el gobierno, lo que se llevaron era insignificante. Ellos no lo necesitaban, se abastecían directamente de los campos de Sierra Norte, y por avión traían las delicatessen que quisieran.

Nosotros no comprábamos en el Mercado Central, no podríamos cruzar la M-30 ni caminando. Para abastecernos, hacíamos huertos y granjas en el mismo barrio, aprovechábamos los techos, los terrenos vacíos. Cada centímetro era vital para mantenernos lejos de la M-30 y bien alimentados.

Esa redada tuvo el poder de quebrarnos. Empezamos a sospechar unos de otros, no fue de inmediato. En seguida la brigada se fue, nos apoyamos, compartimos nuestras raciones y cada uno regresó rápidamente a su casa para comprobar que estuvieran todos bien. Al paso de los días, las preguntas que quedaban sin resolver actuaron como un veneno social. ¿Quién podría haber dado la información de nuestro centro de distribución? ¿Cómo se filtró nuestra logística? El vecino amigo, en quien confiábamos, pasó a ser paulatinamente, un posible agente encubierto, quizás un infiltrado. Nuestras relaciones habían sido dinamitadas.

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