Iglesia / Azula 23/70

Esperando a la montaña, quemé mis rodillas

Esperando a la montaña, gasté mis rodillas

pulí mis palmas en rezos y mi espalda en penitencias

retrocedí mil pasos, y probé llorar

renuncié a la gracia y a las caricias

azoté mi corazón y anulé mi mirada

perdí lo inútil e insensato

castré el instinto, el impulso y lo generoso.

No conseguí la montaña tampoco hoy.

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