El último mercadillo / Deep Madrid 82/82

Tenía un puesto en lo que quedaba del Mercado de Antonio López. Esa mañana, que me gustaría olvidar, pero tengo marcada a fuego, estaba sentada en la tienda de comestibles, devenida a centro de distribución temporal, junto a los puestos de carnes y los productos secos que hacían lo mismo. Sobre los estantes, daban pena las escuálidas espinacas, las pocas papas y el puñado de cebollas que habían sobrado. El resto de las verduras ya estaban en raciones listas para repartir a las familias del barrio con turno para venir. 

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Muriéndose / Deep Madrid 81/82

Ahí es donde fuimos. En mi cabeza algo raro estaba sucediendo. Era una situación nueva, ajena. Sentía que me había perdido en el camino o que seguía varios caminos a la vez y también ninguno. Exploraba las posibilidades no elegidas. Experimentaba una simultaneidad de hechos o pensamientos que ya no podía diferenciar.

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Excarcelado / Deep Madrid 80/82

No fue mi culpa, o sí. Lo hice por el anciano, lo hice por mi gente y lo hice por mí. El otro, el abogado al que agredí furiosamente con mis puños hasta casi matarlo, ya no es mi amigo. Nunca volverá a ser mi amigo, ahora ha perdido la cabeza y la conciencia. Todo lo hizo mal. El infame sacó de la cárcel al criminal que mutiló al anciano y asesinó a su familia.

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Melancolía / Deep Madrid 76/82

Solía vivir en Comillas, frente al río Manzanares. El piso era pequeño, pero tenía una muy buena iluminación, el sol entraba por la mayoría de las ventanas. Solía comprar muchas cosas al otro lado del puente y trabajaba en una tienda de comestibles regionales en el Mercado de San Fernando. Solía caminar por las pequeñas calles de Lavapies y disfrutar de tartas con cafés. Disfrutaba de caminar descalzo en la playa de Madrid, en el Parque de Arganzuela o echarme bajo los pinos a escuchar música.

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Relatos cruzados / Deep Madrid 75/82

Hablamos de las posibles consecuencias hace algunos años, mientras trabajábamos en una librería del barrio de Lavapiés. Estábamos escribiendo una novela corta, cada uno como si fuera el otro, con su estilo, sus intereses. Al experimento lo llamamos el relato cruzado. Un juego estimulante para medir habilidades, y tener nuevos puntos de vista sobre el tema de cada uno. Nos fijamos el plazo de mes y medio para terminarlo. Imprimimos un puñado de ejemplares y los pusimos en las estanterías de la librería donde trabajábamos. 

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La ONG II / Deep Madrid 74/82

Solía estar muy orgullosa de nuestra ONG de Delicias. Nuestro edificio moderno, terminado no hace mucho, las dependencias impecables para recibir a los que la necesitaran. Ropa, medicina, bolsones de comida, un comedor popular, un bufete con buenos abogados. Un equipo de colaboradores empeñados en mejorar la calidad de vida de nuestra gente, hacer de este un lugar de atención pionero. La ONG estaba destinada a recuperar esas vidas que fueron atropelladas por la devastación de una guerrilla interminable. Un gran lugar. Un sueño. Eso es lo que hemos hecho. Hemos hecho el mejor trabajo de nuestras vidas. Gracias a la habilidad de los funcionarios infiltrados pudimos proteger toda la organización para llegar hasta el día de hoy.

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La brigada de Herodes / Deep Madrid 72/82

Mi padre, miembro de la Fuerza Militar desde su nacimiento, era coronel desde que me acuerdo. Abuelos, bisabuelos, yo mismo, generaciones de militares. Mi padre era un gran defensor y cultor de la idea de que la mejor manera de doblegar a la insurgencia del sur, era acorralarla y desanimarla a fuerza de matar a quien lo intentara. No se podía negociar con ellos, ni reeducarlos, ni nada. Solo ejecutarlos. 

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La dos de San Isidro / Deep Madrid 71/82

Nací en intramuros, pero crecí en San Isidro. Mis padres se opusieron activamente a este gobierno desde muy jovencitos. A mi padre no lo conocí, lo mataron antes que naciera. Mi madre me contó que ella escapó gracias a que mi padre la cubrió con su propio cuerpo. A él lo mataron a cuchillazos, le cortaron las manos y la cabeza. Lo desmembraron, junto a muchos de los compañeros. Aquello fue una carnicería, una masacre. Ocurrió en la misma aula donde estaban cursando Historia, en medio de la clase. Todos vieron lo que sucedió. La impunidad con que la asesina, con un cuchillo empezó a degollar a los compañeros, que no coincidían con su relato, era aterradora. Todos, allí, vieron quién ejecutó, la conocían bien. Luego de ese ataque, la nombraron directora y le dieron dos cátedras de Observatorio. Una brutal injusticia que nadie olvida en el barrio donde vivo. 

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Kyoto Airship / Deep Madrid 70/82

Estaba en mi oficina ambulante, en plena videollamada que implicaba cerrar un trato jugoso. El coche se movía suavemente, me gusta cuando se desliza entre en el tránsito. Detesto el chofer de la mañana que maneja de manera brusca, siempre tarde, como si no supiera calcular el tiempo de recorrido entre una filial y otra. Un horror.  Este, chofer,  en cambio, parece una madre meciendo al bebé en sus brazos. ¿Cómo es que se llama? Vaya puta memoria que tengo. Tendré que pedirle que haga doble turno.

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El teléfono / Deep Madrid 69/82

El muchacho, que creemos que robó el teléfono de seguridad, desapareció de las cámaras de vigilancia, huyendo en dirección a Delicias. 

Todos los datos indican que tenemos identificado al sospechoso. 

Desconocemos su paradero, es muy hábil esquivando las cámaras de seguridad. 

Ya dimos la alerta de emergencia y distribuimos una foto de él.

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Compañera de cuarto / Deep Madrid 68/82

Cuando llegué por primera vez al Campus, tuve la suerte de tener, como compañera de cuarto de la universidad, a una brigadista muy simpática. Ella me llevó a hacer algunos viajes increíbles. Fuimos al mercado local de agricultores de Carabanchel, donde estaba dispuesta a poner sus brazos para defenderme de la multitud. Viajamos al sur en un avión privado desde Barajas. Barajas, por Dios, que pasada de distrito, y que decir de las playas que visitamos, bellas y desiertas. Fuimos a Lisboa. ¡Qué viajes aquellos!

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Negocios familiares / Deep Madrid 67/82

Estábamos caminando por la calle a las once de la mañana, el día después de nuestra boda, cuando uno de los empleados se acercó a mí, puso su mano sobre mi brazo y me agradeció. Me tomó un poco por sorpresa el contacto físico. Vaya atrevido. Su padre es un gran partidario de mi familia, y hace un buen trabajo en las oficinas centrales. Incluso me ayudó con los preparativos de la boda, supervisó cada detalle con un gusto exquisito. Acepté el agradecimiento con una sonrisa y seguí caminando a tu lado.

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